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El mensaje del Presidente


	
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Discurso inaugural del Presidente Emiliano García-Page Sánchez

Sesión Plenaria – Estrasburgo – 11 de julio de 2017

Gracias a todos por su confianza. Como lo dije esta mañana en la reunión de la Mesa, a quien se somete al veredicto del sufragio de los ciudadanos, le resulta inimaginable poder ser elegido por aclamación. Eso no existe en las elecciones regionales usuales. Doblemente agradecido pues por haber permitido este modo de elección y por haberme elegido, por lo que me comprometo más aún a estar a la altura de las circunstancias de esta importante institución que es la AREV.

Permítanme primero felicitar a una persona para la que no me parece exagerado decir que, además de haber sido el estratega y la columna vertebral de la organización durante largo tiempo, también fue parte esencial de su alma. Quisiera, en nombre de todos, y como primer acto de Presidente, agradecerle su compromiso a Dominique Janin. ¡Muchas gracias!

Todos aquellos que tienen una experiencia en materia de gestión pública y de organizaciones, fuera de nuestro propio sector, saben lo importante que es mantener, a través de los mandatos sucesivos, una continuidad en el trabajo y un gran profesionalismo para este tipo de puesto, tal como lo asumió Dominique Janin y que de ahora en adelante será asumido por otra persona, también muy competente.

Gracias por la confianza depositada en mí para asumir este mandato de Presidente, con el equipo que me acompaña y permitirme asumir, sobre todo tras haberse adoptado la modificación de los estatutos, la presidencia de esta organización. Gracias en nombre de Castilla-La Mancha, de sus 85.000 viticultores y sus 600 bodegas, cooperativas y negociantes. Es una región de más de 2 millones de habitantes que saben muy bien  que el vino es un sector fundamental y estratégico en el que se sustentan miles de puestos de trabajo, empresas de servicio, empresas vitícolas asociadas al turismo, a la gastronomía y a las fiestas que jalonan los días alegres después de la vendimia.

Asumiré esta Presidencia con el mismo sentido de responsabilidad como para mi propia región. Es una región que produce vino desde haces tres milenios y que siempre ha volcado su pasión, todos sus esfuerzos y todo su saber hasta convertir el vino en la auténtica sangre de nuestra tierra y al viñedo en su corazón espiritual y emocional. El vino ha modelado nuestros paisajes y nuestro calendario, nuestra gastronomía, impregnado nuestra literatura, acompañado nuestras primeras libaciones y todas las etapas de nuestra vida. Ha vertebrado nuestra economía y se erigió en nuestra carta de presentación ante el mundo entero.

Para esta región, que alberga al mayor viñedo del mundo en términos de superficie, será un gran honor acoger la próxima celebración de la Sesión Plenaria de la AREV y compartir, con todos los actuales miembros y con las futuras regiones adherentes, objetivos que son comunes a todas las regiones vitícolas de Europa, por diversas que sean, pero que son la razón de ser de dicha magnífica organización.

Asumiré por tanto esta presidencia, convencido de que hacer vino es también hacer Europa. Efectivamente, el vino y el viñedo han contribuido a lo largo de los siglos a unir a los distintos pueblos de Europa, pueblos que tuvieron discrepancias, que lucharon con guerras, pero que, con los intercambio de vinos y el amor a la cultura del vino, siempre supieron guardar una identidad propia y su unidad en la diversidad.

Europa en su conjunto es el primer productor de vino a nivel mundial. Solo Francia, España e Italia producen el 50 % de vino que se produce en el planeta y cuentan con el 32% de la superficie mundial de viñedo. Según un reciente estudio internacional, la producción mundial experimento en 2016 una caída de 5% hasta situarse en uno de los niveles más bajos de los últimos veinte años, por debajo de la media de los últimos cinco años y muy lejos del máximo histórico de 289 M hl obtenidos en la campaña 2013. Europa no es ajena a esta tendencia, como tampoco es inmune a los cambios en los hábitos de consumo de vino.

Por cierto, Europa sigue siendo el primer consumidor de vino del mundo, seguido de Estados Unidos y China, pero el consumo europeo no es uniforme en su conjunto. Todo ello nos debe animar a trabajar para incrementar el consumo en general y las exportaciones a países terceros. 

Pero para ello, habrá que mantener la perennidad de los planes nacionales de apoyo al  sector vitícola. Toca pues estar  muy atentos para que la negociación del Brexit y la previsible reducción del presupuesto europeo no afecten a los compromisos de dotación financiera para los dos próximos años. Habrá que seguir de cerca este proceso y aportar nuestro apoyo a la Comisión en lo que sea preciso, pero hacerle entender también las preocupaciones y necesidades del sector de cara a las nuevas reformas tanto de la PAC como de la organización de mercado del vino.

Para la AREV es fundamental trabajar en Bruselas y desde Bruselas. Es uno de los puntos que confirmé en mi carta de candidatura, tal y como lo había acordado la sesión plenaria de Lednice.

 Por otra parte quiero expresarles mi firma voluntad de respetar lo que entiendo que deben ser los principios de buena gobernanza.

Primero el principio de colaboración estrecha, que será constante, leal y fluida entre todas las partes. Ello incluye a todas las regiones miembros de la AREV, tanto entre sí como con el Presidente y el Secretario General. Asimismo, esa colaboración se reforzara con todos los interlocutores de la AREV.

En segundo lugar, el principio de visibilidad, antesala sine qua non del reconocimiento social. Es necesario que el conjunto de la sociedad sea perfectamente consciente de la labor realizada por la AREV, no solo a favor de las regiones vitícolas de Europa, sino explicando las consecuencias positivas de su actuación para el conjunto de la sociedad.

En tercer lugar, el principio de transparencia, de forma que los miembros de la AREV y la sociedad en su conjunto puedan juzgar con perfecto conocimiento la labor de esta Presidencia y de esta Asociación.

En cuarto lugar, el principio de subsidiaridad, tan apreciado por las Regiones de Europa. Con independencia del mayor o menor grado de descentralización de nuestros respectivos países, no podemos olvidar que la AREV agrupa a numerosas regiones de distintos países, y aún a miembros cuya región vitícola sea coincidente con un Estado. Y somos nosotros, los gobiernos regionales aquí presentes quienes, por nuestra mayor proximidad a nuestros ciudadanos y nuestro conocimiento del sector vitícola, mejor conocemos nuestras necesidades, los retos a los que hemos de enfrentarnos y la manera de abordarlos.

Todos estos principios son algo más que una declaración de intenciones. Son un compromiso firme ante y con los viticultores europeos y para las regiones que consideran el vino como base fundamental de su forma de ser, de vivir y de prosperar. El reto es importante, pero superable. Debemos defender los vinos europeos, su imagen  y la garantía de su calidad mediante pliegos de condiciones elaborados con paciencia. Los vinos de la Vieja Europa, a diferencia de los de los grandes productores del Nuevo Mundo, llevan implícito el peso de la historia y del saber hacer de incontables generaciones.

 

En un contexto de progresiva liberalización agroalimentaria global en el marco de la Organización Mundial del Comercio, la defensa de la propiedad intelectual de nuestros vinos y de nuestras fórmulas de calidad garantizada frente a nuestros socios comerciales constituye una auténtica línea rejo en cuya defensa ante nuestros socios comerciales hemos de apoyar a la Comisión Europea de la mejor manera posible. Sobre esta base, debemos apoyar en la medida de lo posible a nuestro sector exportador, porque hay todavía muchos vinos europeos que dar a conocer en el mundo y que pueden competir en mercados importantes como Estados Unidos, China et Asia-Pacífico.

Es fundamental desarrollar con mayor eficacia una acción de representación y de defensa de los intereses de las regiones vitícolas de Europa. A tal efecto, será muy útil el traslado de la sede administrativa de la AREV a Bruselas. Me propongo aumentar la visibilidad de las regiones vitícolas de Europa y, con ella, su peso específico ante el complejo proceso de toma de decisiones entre las instituciones europeas, haciendo especial hincapié en la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Comité de las Regiones.

Solo ejerciendo el peso que de verdad nos corresponde en el diseño de las políticas y de la normativa que nos regulan podremos defender eficazmente los intereses de las regiones y del sector. Es lo que estimo ser el mismo corazón de nuestra estrategia. Por ello quisiera esbozarles los principales objetivos estratégicas contemplados por Castilla-La Mancha.

No cabe duda de que el dossier más importante es la PAC. Hemos de colaborar en el diseño de une PAC que compatibilice la producción y el rendimiento económico del sector vitivinícola con la irrenunciable preservación medioambiental y de la biodiversidad a la cual no podemos renunciar, así como con la adaptación y la lucha contra el cambio climático. Directamente relacionada con la PAC, y esto es especialmente importante, está la necesidad de contar con una política de recursos hídricos razonada y razonable, especialmente en aquellas regiones de la AREV más amenazadas por la escasez de los mismos. Un ámbito en el cual la AREV tiene igualmente mucho que aportar.

En cuanto a la política comercial de la UE, me remito a lo dicho anteriormente sobre la obligación de colaborar con la Comisión Europea en la protección de los consumidores y el tema de la salud. La AREV también debe hacer valer su criterio. La ciencia ha demostrado los beneficios para la salud de un consumo responsable y moderado del vino. La agricultura, el desarrollo rural, el medioambiente, como lo dice el Ministro de agricultura de mi región, forma una ecuación indispensable y única.

Finalmente, la AREV ha de desempeñar un papel activo en el desarrollo integral de las regiones que la conforman. Para ello, no hay quizás ningún campo más adecuado que el del desarrollo rural. La viticultura y el vino pueden constituir un sostén crucial en el desarrollo de actividades como el enoturismo, de tendencia y perspectivas  claramente crecientes.

Los retos son numerosos. Europa debe seguir trabajando para convencer a los ciudadanos de la Unión que hay mucho más que ganar en una Europa unida que fuera de ella. Este objetivo debe cimentar esta idea general, con un trabajo de coordinación entre las regiones y los sectores profesionales con intereses comunes.  El vino en Europa nos ofrece muchas razones para pensar en términos de unidad, porque hay mucho espacio para la consolidación y el crecimiento: en producción, en consumo, en mercado y en valor económico.

Termino diciendo que la AREV no debe perder la perspectiva de su propio valor y potencial. Europa representa por sí sola 45% de las superficies vitícolas mundiales, y 65% de la producción y 57% del consumo mundial, respectivamente, así como 70% de las exportaciones globales. Son valores que hablan por sí mismos y que han de hacernos conscientes de nuestro valor y de nuestro potencial. Somos una potencia que puede y debe mejorarse con la coordinación y la clarificación de sus objetivos y respetar la riqueza de su increíble diversidad. Tenemos que seguir progresando constantemente, seguir invirtiendo y convenciendo a las instituciones de la importancia socioeconómica del viñedo europeo. Este es nuestro reto. Es nuestro objetivo. Está a nuestro alcance y es lo que les propongo como hilo director de mi mandato.

 

Emiliano García-Page Sánchez

Presidente de la AREV

 

Sesión Plenaria – Estrasburgo – 11 de julio de 2017